Granada, 24-10-2012
Álgida Pola,

Tal vez no debería seguir extrañándome a estas alturas cómo estando sentado en un extremo del origami de Deleuze y durante un pliegue arrebatador caí de bruces ante una escritora de Bariloche. Aún mayor paranoia sería pensar que a George Perec-Sans coiffeur, de seguir vivo, intentara explicar qué sucedió mientras me asía con fuerza a la esquina inferior izquierda de uno de sus puzzles, donde imagino en lugar de un paisaje naturalista, un aligator rampante que intenta de un zarpazo abrir la caja de Schöringer que contiene el jodiente gato vivomuerto. Bah!... Cuánto preludio iconoclasta para terminar pidiendo consejo a mi referente (que no víctima, of course!...)
Si plantease una pregunta comprometedora me hallaría, basándome en el instinto de supervivencia, ante una respuesta abracadabrante. Ya dije, te eximo. Creo acertar si pienso que te hallarás, Pola, inmersa en plena vorágine prosaica y me recrimino la osadía de escribirte a sabiendas de que no es buen momento para atender advenedizos. Aunque me puede la ingenuidad de pensar que quizás recuerdes aún al Gatorrampante de Granada y nuestra postrera amistad underBlogger. Sólo aspiro a que cuando exhumes tus correos mi carta no se haya descompuesto.
Y hoy te hablo del maltrecho poder coadyuvante de mis textos. Del selvático, intouchable y grosso corpus literario que me ignora. Del yo pusilánime que no puja en alza. De la compañía de un gato mientras escribo… Creo, pues, que en definitiva soy un escritor sin obra… Sine díe. Et fortuna iuvat audaces. Exhórtame, Pola.
Diógenes